lunes, 31 de marzo de 2014

Hablando de la Dehesa

El cerdo ibérico constituye la pieza esencial de un ecosistema de gran importancia ecológica, del cual obtiene su sustento y a cuya conservación contribuye, gracias al éxito del que gozan en el mercado todos sus productos.
Los bosques mediterráneos de encinas, alcornoques y quejigos que poblaban en la antigüedad de norte a sur el territorio español, han dado lugar, por los avatares de la historia y la acción del hombre, a grandes extensiones de bosque claro que denominamos "dehesa" y que se concentran en las regiones del oeste y suroeste español.
La extensión actualmente ocupada por la "dehesa" en España es de 2.300.000 hectáreas, principalmente de encinares, que representan aproximadamente la mitad de la superficie total mundial de esta especie arbórea.
En la dehesa, se combina frecuentemente la producción agrícola de cereales con una complicada modalidad de pastoreo mixto de cerdos ibéricos, vacas retintas y ovejas merinas, cada uno de los cuales aprovecha el alimento más adecuado a su naturaleza.
Es, por tanto, un complejo sistema ecológico que integra usos muy diferenciados: junto al pastoreo mixto y la agricultura se dan también, entre otros, la caza, la apicultura y la producción de leña, carbón vegetal y corcho.
La dehesa, es además, una importante reserva de flora silvestre, como el tomillo, el romero y otras plantas aromáticas, así como diversas variedades de setas. También abundan distintas especies de fauna salvaje, entre las que destacan el jabalí, el lobo, la jineta y el lince. Es vital para millones de aves insectívoras del centro y norte de Europa, como Urracas, petirrojos y zorzales, que encuentran su centro de invernada en los extensos encinares y alcornocales del sureste español.
El cerdo ibérico se integra plenamente en este ecosistema, ya que su explotación tradicional pone en juego todos los recursos de la dehesa. El fruto común de las encinas y alcornoques, la bellota, rica en glúcidos y grasas, constituye la base de su alimentación. Durante su largo ciclo de desarrollo aprovecha, también, la hierba de los pastizales, los rastrojos, las leguminosas silvestres y los frutos de las gramíneas.
Esta alimentación natural y equilibrada es una de las claves de la excelsa calidad organoléptica de su carne.
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